Se está escri­biendo un impor­tante capí­tulo en el pano­rama del mer­cado de ebooks de los pró­xi­mos cinco años. A medida que deter­mi­na­dos acto­res ganan fuerza, la lucha por sos­te­ner el mango de la sar­tén es más tensa. Por lo que he visto hasta ahora, los pun­tos de vista de tan mediá­tico asunto se pue­den resu­mir en:

  • El bueno: Apple llega en su iCa­ba­llo blanco a sal­var al mundo edi­to­rial de la tira­nía de Amazon.
  • El feo: Mac­mi­llan quiere poner pre­cios de hasta quince dóla­res para sus ebooks. Se cen­sura por exce­sivo, pero no por la liber­tad de poner los pre­cios que estime opor­tu­nos. Como se pre­vee com­pe­ten­cia de Apple a Ama­zon, intenta nego­ciar con Ama­zon sus nue­vos precios.
  • El malo: Ama­zon quiere los ebooks a no más de diez dóla­res, entre otras cosas para hacer de su Kindle un pro­ducto más atrac­tivo, y hasta ahora ha usado un sis­tema de sub­ven­cio­nes para con­se­guirlo. Mac­mi­llan (un enorme grupo edi­to­rial) no quiere ese límite de pre­cio para sus ebooks. Resul­tado: Ama­zon retira de su por­tal (la más grande y popu­lar libre­ría online del mundo) los libros de Mac­mi­llan de un plumazo.

Cier­ta­mente se puede dis­cu­tir sobre los pre­cios de Mac­mi­llan, pero creo que ese es un asunto menor com­pa­rado con el abuso de poder (o uso legí­timo de un poder cuasi-monopolístico) que ha demos­trado aquí Ama­zon: a mi manera o carre­tera. Varios de los auto­res afec­ta­dos han mos­trado su dis­gusto con el suceso, e incluso alguno, como Char­les Stross, ha sido muy claro: “Ama­zon puede besarme el culo”.

Este suceso ha des­en­ca­de­nado un nuevo debate sobre el pre­cio del ebook, y sobre la dife­ren­cia de cos­tes con un libro impreso. La per­cep­ción del público sigue sin cam­biar, no obs­tante. Es muy difí­cil de enten­der que un ebook tenga el pre­cio de un libro impreso.

Ama­zon sin embargo puede ver dañada irre­me­dia­ble­mente su rela­ción con los edi­to­res. El men­saje que ha trans­mi­tido es que lo que ha hecho con Mac­Mi­llan puede hacerlo con cual­quiera; ha sido una manio­bra dema­siado agre­siva, con un punto de tor­peza, como ya ocu­rriera con el affair de los libros de Orwell. En ese aspecto entiendo la ale­gría con la que muchos edi­to­res espe­ran que Apple plante cara a Ama­zon, o que la irrup­ción de la man­zana en este mer­cado haya insu­flado valen­tía a Mac­mi­llan para no acep­tar las con­di­cio­nes de Amazon.

Per­mi­tidme que sea escép­tico en este punto. Apple puede ser de hecho más cerrada y arbi­tra­ria que Ama­zon, y lo demues­tra cada día con su ApS­tore en iPhone y deri­va­dos. Que lo ten­gan en cuenta los edi­to­res que la ven como la sal­va­dora. La com­pe­ten­cia es estu­penda, pero no debe que­dar ahí; si ya es malo que sólo lle­gue a haber dos opcio­nes de gigan­tes para la dis­tri­bu­ción de ebooks en Inter­net, que estas sean Ama­zon y Apple es terrible.

Actua­li­za­ción 31/1

Algu­nos enla­ces intere­san­tes (en inglés):

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