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	<title>Moisés Cabello &#187; Relatos cortos</title>
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	<description>Escritor de género</description>
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		<title>Detective social</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 01:10:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Moisés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>

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		<description><![CDATA[Detective social es un relato corto que trata la rapidez con la que cambia nuestra percepción de la privacidad en&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a rel="lightbox" href="http://www.moisescabello.com/wp-content/uploads/2010/07/detectivesocial.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1254" title="detectivesocial" src="http://www.moisescabello.com/wp-content/uploads/2010/07/detectivesocial.png" alt="" width="467" height="83" /></a></p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: left;"><em><strong>Detective social</strong></em><strong> </strong>es un relato corto que trata la rapidez con la que cambia nuestra percepción de la privacidad en Internet en general y en fenómenos como el de las redes sociales en particular.</p>
<ul style="text-align: left;">
<li style="text-align: left;"><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/detectivesocial.epub">Descarga en formato EPUB</a></li>
<li><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/detectivesocial.pdf">Descarga en formato PDF</a></li>
<li>Audiorelato: <object width="173" height="30" type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_330505_1.html"><param name="movie" value="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_330505_1.html"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_330505_1.html" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" wmode="transparent" width="173" height="30"></embed></object><a title="Detective social" href="http://www.ivoox.com/detective-social-audios-mp3_rf_330505_1.html" style="font-size:12px; color:#333333; position:relative; bottom:4px;"> Ir a descargar</a></li>
</ul>
<p style="text-align: left;">Lectura en línea:</p>
<p><span id="more-1251"></span></p>
<p style="text-align: center;">~ * ~</p>
<h2 style="text-align: center;">Detective social</h2>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: justify;">—<em>Benito Flores de la Puerta —</em>leyó en voz alta el detective—. ¿Qué queréis saber?</p>
<p style="text-align: justify;">—Todo.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ayudaría saber qué carajo ha hecho.</p>
<p style="text-align: justify;">—No es asunto tuyo. Sólo sabemos dónde trabajó hasta hace unos meses, una agencia de seguros llamada <em>Guardasa</em>. Limítate a darnos cuanto encuentres en ese trasto.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Y qué pudieron sonsacar al trasto tus<em> muchachos</em>?</p>
<p style="text-align: justify;">—Muy gracioso. Probamos a poner su nombre en el buscador. Hay un puto actor que se llama como él y nos devuelve miles de resultados, y luego&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—Vale, vale. Ya me ocupo yo.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Demasiado para esos vejestorios</em>, pensó. Aunque le beneficiaban, al fin y al cabo.</p>
<p style="text-align: justify;">Estiró sus dedos hasta oírlos crujir mientras su jefe se marchaba, y empezó por lo obvio: introducir el nombre del sujeto en el buscador. Efectivamente, un actor copaba la mayoría de resultados, y la búsqueda podía resultar insufrible. <em>Cualquier chorrada suya copa las primeras páginas, pero no le he visto nunca en la tele&#8230;</em> pensó pasando una tras otra. El tío al que pagara por el posicionamiento debió hacer un buen trabajo.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Habrá que acotar la búsqueda incluyendo el nombre y la compañía aseguradora.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Como siempre que una búsqueda no funcionaba a la primera, se deshizo en maldiciones y extrajo de su chaqueta un cigarrillo que encendió mientras zapateaba al ritmo de una de sus canciones preferidas.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>De acuerdo, mejor empezar por la aseguradora</em>. Guardasa. <em>Hm&#8230;</em> Nada relevante en el sitio web de la empresa, como es habitual. ¿Y en la red social? <em>Veamos&#8230;</em> Un grupo de la compañía, probablemente lleno de empleados. ¡Interesante! Benito no estaba allí, pero seguro que alguno de sus compañeros sí, tal vez incluso mantuvieran el contacto en la red social. Sus ojos se iluminaron tras una larga calada, y decidió iniciar la búsqueda desde los perfiles públicos. Con suerte no tendría que recurrir a <em>Carmen.</em></p>
<p style="text-align: justify;">La primera empleada del grupo de Guardasa con perfil público era una tal Sandra Schödinger, de treinta y dos años. Amigos de Sandra&#8230; <em>seiscientos treinta y tres</em>. Oh, qué horror. <em>Mejor buscar directamente en el grupo de amigos</em>. Pero tampoco dio resultado. ¿Y sólo <em>Benito</em>? No.</p>
<p style="text-align: justify;">—Qué hijo de puta.</p>
<p style="text-align: justify;">Se inclinó en el asiento para reflexionar mientras exhalaba como un dragón; estaba claro que si aquel tipo participaba activamente en Internet, le preocupaba su privacidad más que la media.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>O se despreocupa menos, según se mire</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez usara un alias, o una abreviatura de su nombre.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Empecemos con “Ben”</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>*Click*</em></p>
<p style="text-align: justify;">Tres resultados: Benicio, Benjamín y Benifló.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Benifló!</p>
<p style="text-align: justify;">*<em>Click*</em></p>
<p style="text-align: justify;">Su perfil no era público, y en lugar de foto tenía una caricatura. <em>Mierda</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Turno de <em>Carmen</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Carmen era un contacto ficticio que creó en la red social expresamente para facilitarle el trabajo. Resultaba sorprendente cuánta gente aceptaba el contacto con extraños, sobre todo si, como Carmen, era una belleza de sonrisa radiante. Hasta las mujeres aceptaban con más facilidad un contacto femenino que uno masculino.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero a Benito se le veía algo cauto, así que, por si acaso, unió a Carmen al grupo de Guardasa. Una vez allí, intentó añadir a Sandra como amiga.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal y como previó por su número de contactos, la chica no tardó ni cinco minutos en aceptar.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ahora sí</em>, pensó.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>¿Agregar a Benifló como amigo? *Click*</em></p>
<p style="text-align: justify;">Mientras terminaba con el cigarrillo, descansó ambos pies en la mesa y comenzó a tamborilear con el dedo índice. Cuestión de esperar. <em>Carmen</em> se presentaría en la pantalla de su presa como amiga de Sandra Schödinger y compañera en Guardasa. El tipo se preguntaría de qué conocía a aquel bellezón, como mínimo.</p>
<p style="text-align: justify;">Tardó menos de quince minutos en darle la razón.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya tenía acceso a su perfil completo. Fotos, dirección, teléfono móvil, enlaces a perfiles de familiares&#8230; Copiaba y pegaba cuanto veía en el procesador de textos. <em>Dirección de correo electrónico</em>, aún mejor: “bnfdp4290@&#8230;”</p>
<p style="text-align: justify;">Más carnaza para el buscador. Introdujo su <em>e-mail </em>entrecomillado para filtrar ruido.</p>
<p style="text-align: justify;">“Tal vez quiso decir&#8230;”</p>
<p style="text-align: justify;"><em>No&#8230; ¡No! Probemos sin arroba ni proveedor</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>bnfdp4290</em> <em>*Click*</em></p>
<p style="text-align: justify;">¡Datos y más datos! Parece que aquel era su alias en varios foros. Un mensaje en uno de música, otro en un foro de negocios de concesionarios y un tercero en un tablón erótico. Su informe engordaba por momentos. En el de automóviles contaba una anécdota personal sobre la compra de un vehículo del que extrajo datos sobre su economía familiar. ¿Debía incluir también el hilo del foro erótico? Hablaba de sus posturas sexuales predilectas. Bien, si los <em>abuelos</em> no querían decirle por qué la agencia necesitaba información de Benito, no sería él quien la escamoteara. Además, seguro que al menos se echarían unas risas.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero había algo más. ¡Un blog!</p>
<p style="text-align: justify;"><em>*Click*</em></p>
<p style="text-align: justify;">Hablaba de multitud de detalles de su vida personal bajo el anónimo (¡Ja!) alias que usaba en los foros. Sus problemas familiares, sus relaciones&#8230; tuvo una aventura “<em>con una compañera del curro de la que sólo diré el primer nombre por razones obvias, Sandra</em>”. ¿Sólo el primer nombre? Sus carcajadas y palmas se tuvieron que escuchar en toda la oficina. “<em>Por razones obvias</em>”&#8230; Se tiró a la señorita Schödinger a espaldas de su mujer. Contaba con fotos de los tres implicados y de sus habitaciones -las cuales mostraban con orgullo en sus álbumes de fotos-, por lo que no tenía que abstraerse demasiado para visualizar nítidamente el <em>affair</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">—Don Benito está despachado —dijo en voz alta tras pegar todos los datos y referencias en el informe y darle orden y formato. ¡Y pensar que le pagaban por hacer aquello! Ventajas de ser el único de la oficina que sabía usar de verdad un ordenador.</p>
<p style="text-align: justify;">Al percatarse de que ya no llegaba luz de la ventana, comprobó la hora en el reloj de pared. <em>Tres cuartos de hora hasta el cierre</em>. ¿Qué hacer? Decidió echar un último vistazo al blog de Benito, llamando poderosamente su atención una entrada que relataba escabrosas broncas con su jefe de Guardasa, al parecer con líos de faldas de por medio.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Sí! Pornografía emocional de la buena con la que hacer tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>*Click*</em></p>
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		<title>El ciclo de la oscuridad</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 22:57:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Moisés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[novedades]]></category>

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		<description><![CDATA[﻿Elena corría por su vida. Se disponía a reunirse con otros proscritos en el centro de investigación, antes de que&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><span style="font-size: medium;"><span style="line-height: 24px;"><br />
</span></span></div>
<blockquote><p>﻿Elena corría por su vida. Se disponía a reunirse con otros proscritos en el centro de investigación, antes de que lo hiciera la marea de gente que allí se dirigía. No tenía mucho tiempo. Los jirones de nube tenían como epicentro su destino, un toque apocalíptico para un día que no lo necesitaba en absoluto.</p></blockquote>
<p><strong>El ciclo de la oscuridad</strong> es un relato que explora el fin de la ciencia tal y como la conocemos, y cómo hemos llegado a ello.</p>
<div id="attachment_964" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.flickr.com/photos/rhockens/3059409309/"><img class="size-full wp-image-964" title="ciclo_oscuridad" src="http://www.moisescabello.com/wp-content/uploads/2010/02/ciclo_oscuridad.jpg" alt="" width="400" height="170" /></a><p class="wp-caption-text">foto de Ralph Hockens (enlace en la imagen)</p></div>
<ul>
<li><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/el_ciclo_de_la_oscuridad.pdf">Descarga en formato PDF</a></li>
<li><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/el_ciclo_de_la_oscuridad.epub">Descarga en formato ePub</a></li>
<li><a href="http://www.sedice.com/modules.php?name=Forums&amp;file=viewtopic&amp;t=39838&amp;highlight=" target="_blank">Comentarios en Sedice</a></li>
<li>Audio narrado por el autor:</li>
<p><object width="173" height="30" type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251478_1.html"><param name="movie" value="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251478_1.html"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251478_1.html" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" wmode="transparent" width="173" height="30"></embed></object><a title="El ciclo de la oscuridad" href="http://www.ivoox.com/ciclo-oscuridad-audios-mp3_rf_251478_1.html" style="font-size:12px; color:#333333; position:relative; bottom:4px;"> Ir a descargar</a>
</ul>
<p style="text-align: center;">~ * ~</p>
<h3 style="text-align: center;">El ciclo de la oscuridad</h3>
<p style="text-align: justify;">Elena corría por su vida. Se disponía a reunirse con otros proscritos en el centro de investigación, antes de que lo hiciera la marea de gente que allí se dirigía. No tenía mucho tiempo. Los jirones de nube tenían como epicentro su destino, un toque apocalíptico para un día que no lo necesitaba en absoluto. Llegó exhausta al recinto, y ayudó a sus compañeros a fortificar como podían la fina verja de metal que rodeaba a la edificación de hormigón.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Cómo va la cura? ―dijo casi sin respiración.</p>
<p style="text-align: justify;">Salvo un hombre que negó con la cabeza nadie dio señales de escucharla, así que optó por enterarse de primera mano. Uno de los investigadores estaba sentado en las escaleras de la entrada principal, la mirada perdida en el horizonte y los ojos vidriosos. Estaba&#8230; ¡inhalando humo!</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Pero qué haces?</p>
<p style="text-align: justify;">―No sé&#8230; ―respondió contemplando a quienes trabajaban en la verja― esto de fumar lo hacía mi bisabuelo, lo prohibieron en su época. Ya que vamos a morir, quería saber qué sentía haciéndolo.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Pero vas a confirmar todo lo horrible que se cuenta de nosotros! ¿Qué demonios pasa con la cura?</p>
<p style="text-align: justify;">El hombre devolvió a Elena una mirada perdida tras un telón de humo. Le dejó rumiando sus pesadumbres, mientras su corazón intentaba salirse del pecho. ¡La última noticia que tuvo de la cura era optimista!</p>
<p style="text-align: justify;">Un estruendo detuvo su avance. ¿Disparo? Pero no escuchó gritos de pánico. Entró como si la llevara el viento y vio delante de la mesa de recepción a un investigador en el suelo, sobre un incipiente charco de sangre. El brillo metálico bajo su mano delató el arma. ¿Es que se estaban volviendo todos locos?</p>
<p style="text-align: justify;">Con cuidado de no pisarle, echó a correr hacia la segunda planta, de donde llegaban numerosas maldiciones.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Qué ha pasado? ―exclamó Elena.</p>
<p style="text-align: justify;">―Están todos muertos.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Los ratones?</p>
<p style="text-align: justify;">―Sí.</p>
<p style="text-align: justify;">Siguió un pasillo hasta el laboratorio, donde se encontraba la mayoría. La luz que entraba por la ventana parecía esquivar el neón de la vitrina de los ratones. Efectivamente, estaban muertos.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Pero cómo ha ocurrido?</p>
<p style="text-align: justify;">―Hemos basado todo esto en un falso positivo ―dijo otro de los investigadores, quizá el más viejo de los presentes―. Aquellos ratones estaban recibiendo quimio por otro experimento, y por eso duraron más. Nuestra cura realmente no hizo una mierda. Estos han acabado fiambres como todos los demás. Pero si tuviéramos más tiempo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Entonces no tenemos nada?</p>
<p style="text-align: justify;">El anciano negó con la cabeza, sus manos en los bolsillos. Alrededor, otras conversaciones extrañamente serenas se mezclaban unas con otras y un investigador orinaba en una esquina como si tal cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Ya vienen! ―gritó un físico llamado Axel mientras se asomaba a la ventana.</p>
<p style="text-align: justify;">Serenidad quebrada.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Qué?</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Los veo a lo lejos! ¡Nunca vi tanta gente! Oh&#8230; no creo que tengamos más de diez minutos.</p>
<p style="text-align: justify;">―Entonces vámonos&#8230; ¿No? ―preguntó Elena.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Sin vehículo? ¿A dónde? ―replicó Axel― Además, nos están rodeando. Estamos bien jodidos. Voy a ver si aquel desgraciado tiene más balas en su pistola, porque no pienso dejar que me cojan y me ejecuten en público como a un vulgar ladrón.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Eh! ¡Escuchad! ¡Aún les está azuzando! ―dijo Yoshio, genetista, proyectando un holograma desde su IA de muñeca.</p>
<p style="text-align: justify;">En la proyección, Hazael Montalvo aún movilizaba a la población para derruir el centro de investigación en el que se encontraban, repitiendo la arenga una y otra vez. Su culto se extendió en apenas quince años por todo el mundo, llegando a opacar a otras religiones mayoritarias y de tradición milenaria. La clave de su éxito radicaba en su alianza con el poder privado cuando otros movimientos aún intentaban introducirse en los cada vez menos importantes estados, en que su moderno mensaje se adaptaba mucho mejor a un mundo que cambiaba muy rápidamente, y  en que se desmarcaba del concepto tradicional de credo religioso.</p>
<p style="text-align: justify;">Sus palabras se traducían en tiempo real para todo el planeta.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Tenemos informaciones de confianza sobre ese lugar. En ese centro se creó la plaga que desde hace unos meses azota a nuestro mundo, y aún siguen buscando remedios con los que doblegar la humanidad. Ese minoritario &#8220;Club de la ciencia&#8221;, ese despreciable grupo de individuos que se resiste a abrazar la energía universal, que afirma defender el progreso pero reniega de la Coalición de Inventores&#8230; pretende que sigamos creyendo en la ciencia, ese dogmático reducto intelectual que arruinó el siglo XXI&#8230; ¡Pretende que hagamos como si no estuviera detrás de la guerra nuclear entre la India y Pakistán, como si no tuviera que ver con los vertidos tóxicos de Miami, como si no hubiera aumentado la temperatura de nuestro mundo, como si no fuera el origen de los virus de diseño o no provocara la extinción de innumerables especies! Niega una y otra vez los fundamentos de la energía que nos une, yendo contra la certeza de tantos millones de personas&#8230; </em></p>
<p style="text-align: justify;">―¿Y si nos unimos a la Coalición? ―propuso otro.</p>
<p style="text-align: justify;">―Antes muerto que participar en esa pantomima ―sentenció Axel deteniéndose―. La Coalición directamente decide en qué se puede investigar y en qué no, y cómo. Detestan el método. Es tirar la toalla, capitular.</p>
<p style="text-align: justify;">―Joder&#8230; ¿Qué creéis que nos van a hacer? ¡Tienen que juzgarnos! ¿Y la policía?</p>
<p style="text-align: justify;">―El juicio va a ser popular, me temo ―dijo Elena―. Pero nos ejecutarían aún formalmente por crímenes contra la humanidad. Ya sabes quién ganó en las últimas elecciones con ayuda de Hazael. En cualquier caso estoy segura de que la policía llegará mucho después que la turba.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Pero por qué? Realmente, de verdad&#8230; ¿Por qué?</p>
<p style="text-align: justify;">Gritos y tambores llegaban desde la lejanía.</p>
<p style="text-align: justify;">―Nos culpan de todo lo que ha dicho Hazael. La cura de esta maldita enfermedad es lo único que les hubiera hecho cambiar de idea&#8230; pero me temo que van a seguir pensando que nosotros creamos la epidemia. Todo el que no reniegue de su condición de científico para entrar en la Coalición está en el punto de mira, como si es paleontólogo.</p>
<p style="text-align: justify;">―Ese cabrón de Hazael ―dijo Axel―, empezó vendiendo autoayuda y ahora va de mesías. ¿Coalición de Inventores? ¡Qué gilipollez! ¡Si hubo científicos detrás de las desgracias que predican, que vayan a por ellos! ¡No a por todos los científicos! ¡No a por la ciencia!</p>
<p style="text-align: justify;">―También tenemos culpa, Axel.</p>
<p style="text-align: justify;">―Y una mierda ―respondió mirando por la ventana. Ya estaban a media distancia―, nosotros no tenemos ninguna responsabilidad en esto. Yo me encargo de lo que me encargo. No me vengas con obligaciones morales, hazme el favor.</p>
<p style="text-align: justify;">―Pero la tenemos, Axel ―dijo Elena―. Vale, no lo empezamos, pero tampoco intentamos detenerlo.  Sólo había que divulgar.</p>
<p style="text-align: justify;">―Venga ya&#8230; ―dijo Yoshio― Axel tiene razón, bastante tenemos ya. Que enseñen los profesores.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Tuvimos que encargarnos nosotros! ―exclamó Elena airada―. La crisis y la miseria ha obligado a una población semi-analfabeta a buscar refugio en la superstición. ¿Y qué les ofrece la ciencia? Echar por tierra sus consuelos y darles un villano a quien señalar por sus desgracias. La ciencia ha avanzado tanto que no deja sitio ni a la <em>New Age</em>. Y la prensa y la ficción rematan nuestra imagen de demonios. Todos nos señalaron desde el miedo a lo desconocido, y nosotros nos limitamos a quejarnos de décadas de sistemas educativos defectuosos&#8230; ¿Para qué? Al final nadie sabía lo que hacíamos. Hemos dejado que pasara.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Pero si hasta la mercadotecnia de ese chalado necesita de la ciencia!</p>
<p style="text-align: justify;">―Por eso el culto de Hazael fundó esa &#8220;Coalición de Inventores&#8221;, para desmarcarse de la mala fama de la ciencia y los científicos, es mucho más fácil de controlar y tiene apoyo mucho más allá del sector conservador. Prácticamente limitan la ciencia a la tecnología y difuminan el método científico hasta quitarle cualquier carga de pensamiento crítico. Así, los que verdaderamente han hecho todo de lo que nos acusan, los que han lanzado a esa gente contra nosotros, podrán continuar medrando sin empeorar su imagen en esa coalición. Pervirtiendo la ciencia para sus intereses, con otro nombre.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿De quiénes hablas?</p>
<p style="text-align: justify;">En el piso de abajo escucharon dos disparos que les sobresaltaron. Elena respiró hondo antes de responder.</p>
<p style="text-align: justify;">―Gobiernos, bancos, corporaciones, grupos terroristas&#8230; y seguirán haciendo lo mismo tras esa <em>Coalición de Inventores</em>. Pero explícaselo a esa gente de ahí fuera&#8230; ¡Maldita sea! ―gritó dándole una patada a la pared en un repentino ataque de frustración.</p>
<p style="text-align: justify;">Ruidos metálicos. La muchedumbre embestía furiosa y echaba por tierra la verja como si fuera de papel. Los gritos no dejaron esperanza a nadie.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>¡Cientifismo! ¡Asesino! ¡Cientifismo! ¡Asesino! </em></p>
<p style="text-align: justify;">Elena conocía aquella soflama, la extendió el propio Hazael en varias manifestaciones. Era como si estuviera en sus cabezas.</p>
<p style="text-align: justify;">Una investigadora subió corriendo con el rostro colorado y bañado en sudor.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Alguien ha traído una camioneta! ¡Alguien ha traído una camioneta!</p>
<p style="text-align: justify;">Antes de la segunda repetición ya estaban bajando en tropel a la primera planta para salir de allí tan rápido como pudieran.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Por la puerta de atrás! ―gritó Axel al ver a la muchedumbre aporrear la puerta de la entrada desde su pequeña ventana superior. Quienes quedaron en la planta baja la habían bloqueado con mesas y archivadores.</p>
<p style="text-align: justify;">La camioneta les esperaba afuera. El investigador que la trajo amenazaba con una pistola a los pocos exaltados que habían llegado a la parte trasera del recinto. Afortunadamente, la mayoría se centraba en intentar derribar la puerta principal.</p>
<p style="text-align: justify;">―¡Vamos! ¡Vamos!</p>
<p style="text-align: justify;">Elena se subió en la parte trasera, y cerró las puertas con tanta fuerza que temió romper el cierre.</p>
<p style="text-align: justify;">―¿Tenéis los datos de la investigación? ―dijo el conductor pisando el acelerador con torpeza. El piloto automático les estaba vetado, pues delataría su posición.</p>
<p style="text-align: justify;">Yoshio levantó la mano, mostrando su IA de muñeca en un ademán afirmativo, aunque con rostro sombrío.</p>
<p style="text-align: justify;">―He oído que Márquez tiene un laboratorio clandestino aún operativo en el sur ―dijo el conductor, satisfecho―. Voy a intentar llegar hasta allí, quizá podamos continuar buscando la cura por nuestra cuenta. Siempre que no nos descubran.</p>
<p style="text-align: justify;">―Temo que la Coalición se nos adelante y se apunten el tanto. Son ellos quienes disponen ahora de los mejores laboratorios ―lamentó Yoshio.</p>
<p style="text-align: justify;">―Tal vez ―dijo Elena mirando por la ventanilla―. Pero ellos ofrecerán un tratamiento y nosotros, si nos dejan, una cura. Tal vez tengamos suerte y evitemos un nuevo ciclo de oscuridad.</p>
<p style="text-align: justify;">Los demás la miraron con extrañeza por aquella última frase, pero Elena no quitaba ojo del centro de investigación, cada vez más pequeño desde la ventanilla. Algo se removía en su interior y mantenía la hipnosis; el recuerdo histórico e impersonal de las innumerables ocasiones en que el ser humano se traicionó tras intentar superar a su propia naturaleza. ¿Seguirá levantándose para volver a intentarlo?</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>La duda</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 04:22:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Moisés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[novedades]]></category>

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		<description><![CDATA[Armando Gutiérrez suspiraba, viejo y cansado, en su lecho de muerte; pero no se dejó invadir por la preocupación, pues&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: 'Liberation Serif', serif;">Armando Gutiérrez suspiraba, viejo y cansado, en su lecho de muerte; pero no se dejó invadir por la preocupación, pues la propia muerte era el pilar central de su más excitante proyecto en vida.</span></span></p></blockquote>
<div id="attachment_954" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.flickr.com/photos/pmarkham/2627254208/"><img class="size-full wp-image-954" title="la_duda" src="http://www.moisescabello.com/wp-content/uploads/2009/11/la_duda.jpg" alt="" width="400" height="170" /></a><p class="wp-caption-text">foto de Pete Markham (enlace en la imagen)</p></div>
<p><em><strong>La duda</strong></em> se adelanta a un no tan distante futuro en el que los seres humanos comenzarán a buscar recipientes alternativos para su conciencia, y plantea al respecto un dilema ético desde varios puntos de vista.</p>
<ul>
<li><em>Relato participante en la octava edición del certamen &#8220;Tierra de Leyendas&#8221;</em></li>
</ul>
<ul>
<li><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/la_duda.pdf">Descargar en formato PDF</a></li>
<li><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/la_duda.epub">Descargar en formato EPUB</a></li>
<li>Audio narrado por el autor: </li>
<p><object width="173" height="30" type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251477_1.html"><param name="movie" value="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251477_1.html"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251477_1.html" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" wmode="transparent" width="173" height="30"></embed></object><a title="La duda" href="http://www.ivoox.com/duda-audios-mp3_rf_251477_1.html" style="font-size:12px; color:#333333; position:relative; bottom:4px;"> Ir a descargar</a>
</ul>
<p style="text-align: center;">~ * ~</p>
<h3 style="text-align: center;"><strong>La duda</strong></h3>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'times new roman';">Armando Gutiérrez suspiraba, viejo y cansado, en su lecho de muerte; pero no se dejó invadir por la preocupación, pues la propia muerte era su más excitante proyecto en vida.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Estás seguro, papá? —dijo María, su hija. Nunca se cansaría de preguntárselo.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Podremos discutirlo luego, cuando esté ahí dentro —replicó señalando a </span><em>la caja</em><span style="font-family: 'times new roman';">. Era la máquina en la que, si todo salía bien, acabaría su consciencia, la cual flotaría libre en mareas bits como en las viejas historias de ciencia ficción.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—No tiene gracia, papá.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Hija&#8230; no aguanto más este viejo cascarón, sólo me da problemas. ¡Terminará matándome! —concluyó en una carcajada— Y resulta que yo quiero vivir un poco más, o mucho, si es posible.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">María negó con la cabeza, pues su padre no tenía remedio. Armando era un neurólogo jubilado, rico y caprichoso, siempre arrogantemente lúcido respecto a cómo iba a morir&#8230; o seguir viviendo. </span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Volvió la cabeza con un ademán de asentimiento a Marcelo, el técnico y fiel discípulo del anciano quien, serio el rostro, activó el mecanismo de transferencia. Tan sólo el leve zumbido de los ventiladores de la maquinaria delató su funcionamiento.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—No durará mucho, descuida —dijo el técnico intentando tranquilizar a María.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Ella se llevó la mano a la boca alternando la mirada entre el cuerpo de su padre y </span><em>la caja</em><span style="font-family: 'times new roman';">. Debido a la anestesia general los ojos de Armando ya se encontraban cerrados. Tuviera éxito o no, estaba previsto que el cerebro fuera dañado debido al proceso de transferencia, con resultado de muerte. Para su padre se trataba de un mero trámite; para ella, que aquellos viejos y arrugados ojos nunca más volverían a abrirse.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¡Detenedle!</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">El eco del grito recorrió toda la sala. Se trataba del sacerdote Romeo, popular en los medios de comunicación por oponerse abiertamente al intento de transferencia mental. El viejo Armando nunca escondió sus intenciones, y no le importaba que su hazaña se hiciera pública. Era de esperar, por tanto, que miles de personas se manifestaran alrededor del edificio a favor y en contra, o simplemente expectantes por lo que pudiera ocurrir. Los debates en los medios de comunicación no tenían fin: vida, muerte, bioinformática&#8230; ¿Inmortalidad?</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Cómo ha conseguido entrar? —dijo María a Marcelo, señalando al sacerdote.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Demasiado tarde —anunció e<span style="font-family: 'times new roman';">l técnico volviéndose a Romeo—</span> la transferencia está en marcha y es irreversible.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Una sombra cruzó el rostro de Romeo.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Dios mío&#8230; ¡Este hombre va a perder su alma! ¿No lo entienden?</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Uno de los miembros de la seguridad privada de Armando entró a paso ligero</span><span style="font-family: 'times new roman';"> con el rostro bañado de sudor.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—No hemos podido detenerle, señora —dijo a María—, parte de la muchedumbre amenazó con romper la barrera si no dejábamos entrar al sacerdote. Allí abajo hay una batalla campal entre las distintas facciones.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Mirando a su padre, </span><span style="font-family: 'times new roman';">María se encogió de hombros</span><span style="font-family: 'times new roman';">; podía jurar que sencillamente dormía.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Ya no importa —dijo al de seguridad con un ademán de retirada.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Dios nos hizo así, y nos regaló un alma que pudiera pasar a la otra vida. ¡Esta máquina no puede imitar a Dios! ¡Su alma se perderá por el camino! Sólo llegará a ese artefacto el débil eco de lo que fue su padre, señora Gutiérrez.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Romeo —dijo María crispada de los nervios—, ya te he escuchado todo eso en la tele. Si vas a quedarte aquí, haz el favor de callarte hasta que termine el proceso. No durará mucho.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¡Oh no, ya lo estáis haciendo! —gritó otra persona entrando.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Pero esto que es? —exclamó Marcelo escandalizado—. ¿Lo próximo será la prensa de sucesos?</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Los de seguridad me han dejado pasar —se excusó Evelina contemplando el cuerpo de Armando—. Viejo insensato&#8230; se lo dije mil veces, y él siempre hablando de esto como si fuera una estúpida apuesta.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Evelina, también neuróloga, fue la principal opositora de la transferencia mental en la comunidad científica desde sus inicios, y considerada por los medios como la archienemiga de las tesis de Armando. Según ella, la máquina sólo transferiría información corrupta y sin sentido, a costa de la muerte del anciano. </span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—A la cola —dijo la hija de Armando señalando a Romeo.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Qué hace usted aquí? —inquirió Evelina, sorprendida de ver allí al sacerdote.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Velar por el alma del señor Gutiérrez, como siempre dije que haría.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Velar es como llama al deseo de que este hombre muera para poder volver con la cantinela de jugar a ser Dios ante sus fieles?</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Esa acusación es injusta, señora, sobre todo considerando que es usted quien ha animado al señor Armando a matarse con esta máquina para demostrar la teoría de cada cual.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¡Basta! —gritó María— ¿Es que mi padre no puede descansar de vosotros ni en estos momentos?</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Aquello impresionó lo suficiente a los recién llegados como para que permanecieran en silencio, aunque con mala cara. Marcelo, sin embargo, no les prestaba atención; el técnico seguía las constantes de Armando con el ceño fruncido dado que permanecía estable en un estado comatoso cuando se suponía que la transferencia acabaría con su vida. </span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Armando seguía vivo, o al menos su cuerpo.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Al pitido que confirmó el final de la transferencia siguió un silencioso cruce de miradas. Respiraciones contenidas, puños apretados, mentes en blanco.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Primero abriremos la interfaz de texto, y si todo va bien encenderé el sintetizador de voz, ¿de acuerdo? —dijo Marcelo activando la consola.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">María asintió resistiendo el impulso de morderse las uñas.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Bien. Primero le vamos a preguntar&#8230; cómo&#8230; se&#8230; llama —continuó tecleando en la consola letra por letra, con mucha prudencia. Todos los ojos estaban puestos en la pantalla.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">La respuesta llegó tan pronto pulsó </span><em>intro</em><span style="font-family: 'times new roman';">.</span></p>
<p><strong>Armando Gutiérrez Menéndez.</strong></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">María sintió un alivio que apenas podía contener un segundo más, y aunque Marcelo sonreía, Evelina mostró sorpresa sin dejar de mantener una suspicaz ceja alzada. </span><span style="font-family: 'times new roman';">Romeo, por su parte, negaba con desaprobación</span><span style="font-family: 'times new roman';">.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Cómo&#8230; se&#8230; encuentra? —tecleó Marcelo.</span></p>
<p><strong>Quiero salir. No me siento. Quiero salir. No entiendo.</strong></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Todos los rostros se acercaron a la pantalla, sin que la agitada respiración del técnico pasara desapercibida.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Qué&#8230; va&#8230; mal?</span></p>
<p><strong>Nada. Estoy bien. Estoy. Mal. Salir. Bien. Estoy. ¿Qué hora es?</p>
<p></strong><span style="font-family: 'times new roman';">—Puedes&#8230; consultar&#8230; la&#8230; de&#8230; la&#8230; máquina&#8230; Armando.</span><strong></p>
<p>—Quince cero tres. ¿Qué hora es? Quince cero tres. No sé qué hora es. </strong></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Qué le ocurre? —preguntó María.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Puede consultar el </span><em>software</em><span style="font-family: 'times new roman';"> de la hora, leerla por así decirlo, pero no logra identificarla —replicó Marcelo, su rostro brillante y preocupado.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Pero es él, ¿verdad? —preguntó la hija de Armando mientras la pantalla seguía mostrando textos incomprensibles y del todo ajenos a la personalidad de su padre.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">La elocuente mirada de Marcelo no pasó desapercibida para el sacerdote, hasta ese momento expectante.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¡Lo dije! —exclamó alzando una mano— Lamento su pérdida, señora Gutiérrez&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¡Cállate —gritó María a Romeo, intentando comprender lo que ocurría. Se dirigió a Evelina, interrogante —¿Tú sabes lo que ocurre?</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Básicamente le falta su cuerpo —replicó al cabo de unos instantes la neuróloga con ademán pensativo, mientras negaba con la cabeza.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—No me digas —bufó Maria pensando que Evelina se reía de su incertidumbre.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—En serio —insistió la neuróloga volviendo a la realidad—. Solemos pensar que nuestra mente es algo abstracto, pero lo cierto es que se trata de una creación de nuestro cerebro, que no es sino otra parte del cuerpo tangible. En el caso de Armando, su viejo cuerpo ha sido parte y compañero de viaje de todas sus vivencias. Su azúcar habla de sus cambios de humor, su baja tensión de su serenidad, su serotonina de su vitalidad, su migraña y dolores de espalda de su irritabilidad, no hablemos ya de herencia genética y demás. </span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¿Qué quieres decir con eso? —insistió María.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Que eliminando al cuerpo de la ecuación habéis decidido caprichosamente lo que forma parte de la esencia de la persona, ajenos a como realmente somos. Lo que ha llegado a esa máquina es una fracción de Armando, y eso es lo mismo que decir que no es él.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Pe&#8230; pero su cuerpo también le daba muchos disgustos, ya le oísteis, para mí es una mejora —propuso Marcelo.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—¡Un fantasma es lo que es, y encaja con lo que dijimos! —cotraatacó el sacerdote— Ahí lo tienen, la mente de Armando no es nada sin su cuerpo.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Tampoco el alma sin su portador, entonces —intervino Evelina, ofendida.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Podemos emular los estímulos que le faltan, sí, un cuerpo virtual para una mente virtual&#8230; la copia está a salvo, es factible —murmuró Marcelo con el rostro repentinamente brillante.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Teóricamente, pero tampoco sabemos cuánto de su mente se ha transferido con éxito&#8230; —añadió la neuróloga al ver a Marcelo tan lanzado.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Él lo habría querido —sentenció el técnico, rechazando las consideraciones de Evelina.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">—Señora Gutiérrez, usted y nadie más tiene la última palabra. Si quería a su padre deje que todo acabe aquí —concluyó el sacerdote.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">Tras seguir la discusión como un mareante partido de tenis, María se concentró en su padre. A la izquierda un cuerpo vivo pero vegetal, a la derecha una colección de datos con el nombre de su padre que parecía expresarse por sí misma. Sentía las tres miradas atravesándola. Una de decisión, otra de duda y una tercera de desaprobación. En la entrada se escuchaba el forcejeo de los guardas con los periodistas que intentaban acceder, y de la ventana aún llegaban los innumerables y confiados gritos de alegría y envidia, de claras y oscuras esperanzas.</span></p>
<p><span style="font-family: 'times new roman';">¿Por qué no podía tenerlo todo tan claro como los demás?</span></p>
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		<title>Realidad Aumentada</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Sep 2009 05:33:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Moisés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[audiolibros]]></category>
		<category><![CDATA[novedades]]></category>

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		<description><![CDATA[Este relato explora las consecuencias sociales de una posible y futura aplicación de la tecnología de Realidad Aumentada. Esta tecnología&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><span style="font-size: medium;"><span style="line-height: 24px;"><br />
</span></span></div>
<p>Este relato explora las consecuencias sociales de una posible y futura aplicación de la tecnología de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Realidad_aumentada" target="_blank"><em>Realidad Aumentada</em></a>. Esta tecnología ya existe de forma primitiva en la actualidad, y permite añadir (por el momento mediante pesadas gafas-cascos), elementos virtuales creados por ordenador a lo que vemos en nuestra realidad cotidiana.</p>
<div style="text-align: center;">
<div id="attachment_947" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.flickr.com/photos/leonardlow/310039863/"><img class="size-full wp-image-947" title="realidad_aumentada" src="http://www.moisescabello.com/wp-content/uploads/2009/09/realidad_aumentada.jpg" alt="" width="400" height="170" /></a><p class="wp-caption-text">foto de The Lightworks (enlace en la imagen)</p></div>
</div>
<p>El relato pese a lo que pudiera parecer no es técnico, y se cuenta a través de los ojos de una niña llamada Isabel.</p>
<ul>
<li><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/realidad_aumentada.epub">Descargar en formato EPUB</a></li>
<li>Audio narrado por el autor:</li>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="173" height="30" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="data" value="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251467_1.html" /><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="src" value="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251467_1.html" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="173" height="30" src="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251467_1.html" wmode="transparent" allowfullscreen="true" data="http://www.ivoox.com/playerivoox_ep_251467_1.html"></embed></object><a style="font-size: 12px; color: #333333; position: relative; bottom: 4px;" title="Realidad Aumentada" href="http://www.ivoox.com/realidad-aumentada-audios-mp3_rf_251467_1.html"> Ir a descargar</a>
</ul>
<p style="text-align: center;">~ * ~</p>
<h3 style="text-align: center;">Realidad Aumentada</h3>
<p style="text-align: justify;">
<div>
<p style="text-align: justify;">Isabel contempló la calle desde la puerta de su casa. La arena parecía más sólida que de costumbre debido a las últimas lluvias, y su vecina Francisca sacaba el agua que se le había colado en el sótano con un cubo. El típico día de primavera en su barrio.</p>
<p style="text-align: justify;">Salió a dar un paseo como gustaba hacer todas las mañanas, empezando por el parque para ver si estaban sus amigos, aunque aún era muy temprano. Hierros corroídos era lo que quedaba de lo que una vez fue un parque infantil, con columpios y todo. Ella nunca lo vio así, pero los mayores lo seguían llamando parque. A menudo le gustaba hacer acrobacias entre los barrotes, eso sí, a escondidas de los demás, quienes como siempre la regañarían por lo peligroso de aquellos amasijos oxidados.</p>
<p style="text-align: justify;">El siguiente destino fue el barrio del mercado, donde Lola y su familia vendían los frutos de su huerto. La oferta era abundante, pero Isabel ya vio una vez cómo el marido de Lola, con su característico traje ajado, colocaba las manzanas más perjudicadas bajo las más sanas.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Don Marcelo, que le sale un gusano de la fruta!</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Te he dicho que no grites esas cosas, mocosa! ¡Como te atrape&#8230;!</p>
<p style="text-align: justify;">Naturalmente ella ya había echado a correr entre risas antes de que acabara la frase, continuando el trayecto hasta el barrio de al lado, conocido entre los mayores como &#8220;el otro barrio&#8221;. ¿Acaso no era obvio que era otro barrio? Se trataba de un hospital de campaña, como decía su madre, donde estaba la gente más enferma. Los olores eran en verdad horribles, y del montón de camas que vio al aire libre -apenas cubiertas por lonas sujetas en palos torcidos- sólo uno de los señores que estaban en ellas permanecía sentado.</p>
<p style="text-align: justify;">Era un sitio terrible, pero el simple hecho de que sus padres le prohibieran ir allí fue razón suficiente para el atrevimiento. Aquel hombre, escuálido y lleno de amplias y extrañas heridas, alzó la vista y sus ojos se encontraron. El corazón de Isabel se aceleró al ver que el hombre gesticulaba rabioso para que se alejara de allí, y  obedeció, huyendo a traspiés en cuanto este avisó a uno de los doctores.</p>
<p style="text-align: justify;">Dio un rodeo para volver a su casa alrededor del lago de la fábrica. Era conocido así porque antiguamente una fábrica desechaba su agua sucia en el lago, dándole un aspecto raro, con algo de espuma. Desde que le contaron que su hermano mayor, al que nunca conoció, murió por bañarse en aquellas aguas, le tenía mucho respeto.</p>
<p style="text-align: justify;">Al estar de vuelta en su hogar, vio que su padre y su madre examinaban un paquete abierto, y conversaban con curiosidad. Adoraba verles así, para variar, en vez de estar discutiendo sobre el dinero y la comida.</p>
<p style="text-align: justify;">—Unidades de Realidad Aumentada gratis por seis meses, para mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos —leyó su padre en voz alta con una hoja sacada de la caja—. Caramba, creo que son esos chismes que salen en las películas, que te los pones y ves un montón de cosas raras sobre lo que ves realmente. Y mira, hay una versión para niños, para usar bajo supervisión.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya me extrañaba que el gobierno nos diera algo gratis —replicó su madre—, que nos arreglen la realidad y se dejen de adornarla con colorines, que las obras para purgar el pantano ese de la fábrica se dio por buena hace cinco años y todavía no han sacado ni un vaso. Realidad Aumentada para mejorar la calidad de vida en los barrios marginales&#8230; eso se nos tenía que haber ocurrido a nosotros y patentarlo&#8230; ¡Ja!</p>
<p style="text-align: justify;">—Pues sí&#8230; oye, ¿probamos?</p>
<p style="text-align: justify;">—Espera a que venga tu hijo César esta tarde, que él entiende de estas cosas. Quién sabe, a lo mejor vemos la casa como una mansión en vez de la choza de mala muerte que es ahora. Anda, ayúdame con la ropa para esta semana, que ya debe estar seca.</p>
<p style="text-align: justify;">Caja abierta con artefactos misteriosos encima de la mesa, padres ausentes&#8230; Suficiente para Isabel. Con las orejas pendientes de la cercanía de las voces de sus padres, extrajo varias cajas del interior, y encontró lo que buscaba. Realidad Aumentada para niños. Como los ladrones de las películas, salió de puntillas con el paquete en sus manos, y acudió a esconderse tras la casa para abrirlo como si fuera una bolsa de golosinas.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Lentillas?</p>
<p style="text-align: justify;">Su hermano Jaime usó una vez unas de oferta, pero las rompió. ¿Así que tanto jaleo por unas lentillas? ¡Qué decepción! Estuvo a punto de volver y dejar el paquete donde estaba o tirarlo por ahí si se topaba con sus padres, pero finalmente la curiosidad pudo con ella, y siguiendo las instrucciones de los dibujos se las colocó en los ojos.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante unos instantes, para su desánimo, no ocurrió nada. Pero cuando menos lo esperaba todo cobró vida. El cielo se tornó muy azul, y más estrellas de las que nunca pudo imaginar asomaban por el horizonte. ¡La Luna le sonreía! Tenía una gran fila de dientes grises y saludaba con la mano. Tras devolverle el gesto, observó que las grietas de su casa habían desaparecido y parecía recién pintada, y los hierbajos que salían del suelo se convirtieron en un césped verdísimo del que crecían flores de ojos saltones que se movían de un lado para otro al son de una música que no alcanzaba a escuchar.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué artefacto tan maravilloso! Acababa de convertir el mundo en un lugar mejor&#8230; ¡y sus padres ya no tendrían que enfadarse con los señores de corbata de los noticiarios! Ya se encargaría ella de arreglarlo todo con sus lentillas mágicas.</p>
<p style="text-align: justify;">Acudió al parque, y en lugar de los hierros oxidados se topó con un montón de barras de piruleta. ¡Ahora podría jugar por allí sin que la regañaran! No dudó un instante en intentar las acrobacias de las más locas, y se cortó sin querer en la mano. Las barras eran muy redonditas, ¿con qué podría haberse cortado?</p>
<p style="text-align: justify;">Continuó hacia el mercado corriendo de alegría, como si volviera a verlo por primera vez. Las manzanas de Lola eran ahora grandes y lustrosas, con un brillo espectacular a la luz del sol.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Le queda bien el traje nuevo, Don Marcelo! —le dijo al pasar frente a él como un rayo. Alcanzó a verle frunciendo el ceño, mientras se miraba la ropa.</p>
<p style="text-align: justify;">Continuó la carrera hacia el otro barrio, el cual de hecho era más bonito que el suyo. Una enorme carpa cubría las camas en las que los enfermos dormían plácidamente, bajo edredones llenos de dibujos de animales. El hombre que la regañó un rato antes permanecía sentado en su cama, hablando con el que debía ser el doctor, que en vez de mascarilla llevaba algún trapo ninja en la cabeza. Para alegría de Isabel, en lugar de heridas, el hombre tenía tiritas, grandes apósitos por todo el cuerpo. No pudo evitar acudir corriendo a su encuentro, sin dejar de exclamar cuánto se alegraba de verle mejor. El olor se volvió realmente fétido, pero fue desafiado por un montón de mariposas de colores que zumbaban alrededor del paciente, todas sonrientes. Muy a su pesar, el tipo seguía siendo igual de malhumorado, y compinchado con el médico la echaron a gritos de allí. ¡Viejo ingrato!</p>
<p style="text-align: justify;">Dispuesta a regresar a su casa para contarles a sus padres lo que había conseguido hacer con el barrio, a Isabel se le ocurrió que si se acercaba al lago de la fábrica lo arreglaría también, y así estarían menos enfadados.</p>
<p style="text-align: justify;">Y no quedó decepcionada. El agua, de un azul marino plagado de destellos diamantinos, parecía sacado de una postal. No pudo evitar adentrarse y sentir el frescor del agua, ni ignorar el recibimiento de los peces que nadaban a su alrededor. ¡Le había dado vida al lago! Pero lo mejor llegó cuando alzó la mirada, pues lago adentro los delfines saltaban sobre el agua en increíbles piruetas, con tal acierto que ni siquiera escuchaba el chapoteo. Y más allá aún, flotaba un enorme barco de vapor. Alcanzó a distinguir a sus lejanos pasajeros saludando con la mano en la cubierta, aunque a esa distancia era imposible oírles.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y si su difunto hermano en realidad tomó aquel barco? ¿Seguiría en él? ¡Al fin podría conocerle!</p>
<p style="text-align: justify;">Escuchó a sus padres llamarla a gritos, y pensó en lo contentos que se pondrían al volver a ver a su hermano mayor. Así que optó por ignorarles, a ellos y al creciente escozor que sentía en los ojos y en el pecho al respirar, para seguir adentrándose en aquel océano de maravillas.</p>
</div>
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		<title>¿Se encuentra usted bien?</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Sep 2009 05:28:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Moisés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[novedades]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Se encuentra usted bien? explora un cercano comercio del dolor. Si hoy en día existe un enorme mercado negro de&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><span style="font-size: medium;"><span style="line-height: 24px;"><br />
</span></span></div>
<p>¿Se encuentra usted bien? explora un cercano comercio del dolor. Si hoy en día existe un enorme mercado negro de sustancias psicotrópicas&#8230; ¿Qué ocurriría con la circulación clandestina de sustancias que inhiben el dolor físico sin los efectos secundarios de los calmantes habituales?</p>
<div id="attachment_945" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.flickr.com/photos/sarahxic/3113627788/"><img class="size-full wp-image-945 " title="se_encuentra" src="http://www.moisescabello.com/wp-content/uploads/2009/09/se_encuentra.jpg" alt="" width="400" height="171" /></a><p class="wp-caption-text">foto de Sarah Scicluna (enlace en la imagen)</p></div>
<p>¿Y si surgiera tan incómodo tema en el ascensor de un edificio de negocios?</p>
<ul>
<li>Este relato fue finalista en el certamen de relatos <em>HELLINFILM</em> celebrado en Albacete, y ganador en la categoría de <em>ciencia ficción</em>.</li>
</ul>
<ul>
<li><a href="http://www.moisescabello.com/escritos/se_encuentra_usted_bien.epub">Descarga en formato EPUB</a></li>
</ul>
<p style="text-align: center;">~ * ~</p>
<h3 style="text-align: center;"><strong>¿Se encuentra usted bien?</strong></h3>
<p><em>E</em><em>n un futuro cercano</em></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando el ascensor se detuvo repentinamente, sus dos ocupantes suspiraron, incómodos. Ambos, varones de mediana edad, vestían impecablemente igual, apenas diferenciándose por lo que portaban, concretamente un maletín y una carpeta.</p>
<p style="text-align: justify;">—Vaya, hombre —dijo el del maletín pulsando rabiosamente en el panel—. Con la prisa que tenía y ahora hay que esperar al servicio técnico.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya le digo —replicó el de la carpeta—, a mí me esperan en una reunión. Y encima soy claustrofóbico.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Se encuentra usted bien?</p>
<p style="text-align: justify;">—Tengo un dolor crónico en la pierna —dijo cambiándose de brazo la carpeta—, y se amplifica cuando me pongo nervioso. Oh, Arnau —añadió ofreciéndole la mano al hombre del maletín.</p>
<p style="text-align: justify;">—Sanz —dijo igualmente su compañero estrechándosela—. ¿Y dice que le duele la pierna?</p>
<p style="text-align: justify;">—Horrores.</p>
<p style="text-align: justify;">—A mí me pasó algo parecido —comentó dejando el maletín en el suelo.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Ah sí? —replicó Arnau flexionando la pierna.</p>
<p style="text-align: justify;">—En el brazo, hace años. Pero ya no me duele.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Es que le curaron?</p>
<p style="text-align: justify;">—No sé si debería hablar de ello —replicó Sanz evitando su mirada.</p>
<p style="text-align: justify;">—No se preocupe, sé que el dolor crónico es una carga pesada.</p>
<p style="text-align: justify;">—Yo&#8230; —titubeó Sanz— uso inhibidores de dolor.</p>
<p style="text-align: justify;">—Tranquilo, queda entre nosotros. Pero yo de usted me lo pensaba, la gente que se hace adicta a esa porquería acaba muerta creyéndose <em>Superman</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">—Habladurías —dijo Sanz negando con la mano—, siempre hacen lo posible para que no seamos felices. ¿Sabe que el ejército aplica inhibidores a sus soldados?</p>
<p style="text-align: justify;">—Eso he oído —se limitó a decir Arnau, aflojándose la corbata.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Los ha probado usted?</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Qué? ¿Los inhibidores? —dijo escandalizado.</p>
<p style="text-align: justify;">—Lo digo por su pierna&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—No soy masoquista, tomo calmantes.</p>
<p style="text-align: justify;">—Pues no parece que le funcionen —apuntó Sanz echando un desinteresado vistazo a su reloj.</p>
<p style="text-align: justify;">—Lo suficiente para llevar una vida normal —replicó Arnau a la defensiva.</p>
<p style="text-align: justify;">Dando un largo suspiro, su compañero asintió con la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">—Sí, claro&#8230; una vida normal. Eso creía tener yo cuando lo del brazo. Pero los calmantes no evitaron que apretara las mandíbulas de dolor cuando levantaba a mi hijo o abrazaba a mi mujer. Seguro que sabe de lo que le hablo —añadió mirándole con compasión—. Incluso el mero placer de nadar se convirtió en un molesto ejercicio de rehabilitación.</p>
<p style="text-align: justify;">—No le diré que no —concedió Arnau sin poder evitar algo de complicidad—. Pero este dolor es parte de mí, señor Sanz. Me recuerda que estoy vivo. Y créame, no soy un ignorante en lo que a inhibidores se refiere. Esta misma mañana he visto en la web de <em>Diario Dos</em> imágenes mostrando la distribución indiscriminada de inhibidores en zonas de guerra, animando a los civiles a unirse a la milicia. Nadie se privó, ni siquiera los niños o ancianos porque, claro, sin dolor no hay miedo. Y sin miedo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—Eso es muy lamentable —replicó Sanz—. Hay mucho traficante sin escrúpulos.</p>
<p style="text-align: justify;">Arnau extrajo un pañuelo del bolsillo de su camisa para limpiarse el sudor del rostro, al tiempo que daba leves puntapiés al aire como si quisiera que algo se le cayera de la pierna.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿De verdad se encuentra usted bien? —se interesó Sanz.</p>
<p style="text-align: justify;">—Voy a peor. ¿Es que no nos van a sacar de aquí?</p>
<p style="text-align: justify;">—Procure respirar profundamente&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya lo sé —cortó de mala gana—, pero calmarme cuando me palpita el muslo de dolor no es tan sencillo.</p>
<p style="text-align: justify;">Con cara de circunstancia su compañero asintió, la mirada al frente con una mano en otra y balanceándose levemente sobre la punta de los pies.</p>
<p style="text-align: justify;">—Disculpe —dijo Sanz al fin sin poder contenerse—, pero no puedo seguir viéndole así. En el maletín tengo varias dosis para uso personal y&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Diablos! ¿Es que es usted traficante? ¡Ya le he dicho que no me gusta esa mierda! —exclamó Arnau envarado, desabotonándose la chaqueta y agarrándose la pierna.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras asentir en silencio, Sanz retomó su actitud de espera.</p>
<p style="text-align: justify;">—Tras mi primer inhibidor —rememoró al cabo de unos minutos—, volví a nacer en cierto modo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—Oh, por Dios —resopló Arnau poniendo los ojos en blanco.</p>
<p style="text-align: justify;">—En serio —continuó—, movía los brazos con normalidad, de hecho me animó a hacer ejercicio. Aprendí que aceptar el dolor no es más que un síntoma de vejez. No es que siempre tome inhibidores, el dolor es un termómetro de la salud y toda esa parafernalia, pero no convivo con él, es sólo un vecino que me visita. Descubrí más aplicaciones a los inhibidores, como que ayuda a las jaquecas, o al dolor emocional. ¡Y el sexo! Perdone la indiscreción, pero uno no ha descubierto la plenitud del sexo sin inyectarse un inhibidor. Es algo&#8230; —añadió mordiéndose el labio inferior.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Está bien! —gritó Arnau con la cara empapada de sudor y quitándose la chaqueta— Póngame uno de esos chismes, pero ni una palabra a nadie ¿Eh?</p>
<p style="text-align: justify;">—Claro, usted también conoce mi secreto —dijo Sanz, buscando complicidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Abrió su maletín rápidamente, extrayendo una pequeña inyección de pistola.</p>
<p style="text-align: justify;">—Verá que no duele, déjeme ver su muñeca —añadió colocando un frasquito marrón en la recámara.</p>
<p style="text-align: justify;">Con su respiración acelerándose, Arnau mostró su muñeca desnuda a Sanz.</p>
<p style="text-align: justify;">—Míreme a los ojos —dijo este sosteniéndole la mirada unos instantes. La boca de la pistola estaba apretada contra la piel—. ¡Ya está! ¿A que no se ha enterado?</p>
<p style="text-align: justify;">Arnau apenas se lo podía creer, pues no quedaba ni la marca.</p>
<p style="text-align: justify;">—Caramba —dijo asombrado—, como las hipoagujas de los quirófanos.</p>
<p style="text-align: justify;">—Es que son hipoagujas, señor Arnau. ¿Qué tal va su pierna?</p>
<p style="text-align: justify;">La sensación fue tan progresivamente placentera, que Arnau tardó en responder. Su pierna pasó a tener la misma ausencia de dolor que la otra, y remitieron dolores que ni siquiera sabía que tenía, como una leve molestia en la sien o una apenas perceptible contractura en la espalda. Instantáneamente relajó sus músculos y aminoró su respiración. Era algo maravilloso.</p>
<p style="text-align: justify;">—El efecto es increíble, pero esto no me hará papilla a largo plazo&#8230; ¿Verdad?</p>
<p style="text-align: justify;">Con visible indignado, Sanz se señaló el rostro.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Acaso me ve cara de yonqui?</p>
<p style="text-align: justify;">—No, disculpe, es que esto es demasiado bueno para estar prohibido.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya le digo que no interesa que seamos felices. Consumir y todo eso, ya sabe —replicó Sanz mostrándose satisfecho ante su reacción.</p>
<p style="text-align: justify;">—Claro&#8230; ¿Y cuánto me va a durar?</p>
<p style="text-align: justify;">—Doce horas. Espero que para entonces hayamos salido de aquí&#8230; —replicó aumentando levemente el tono de voz.</p>
<p style="text-align: justify;">—Sí, empieza a hacer calor.</p>
<p style="text-align: justify;">El eco de un grito llegó desde el techo. Se trataba del técnico, quien les indicó que en pocos minutos podrían salir.</p>
<p style="text-align: justify;">—Oiga&#8230; —murmuró Arnau buscando las palabras.</p>
<p style="text-align: justify;">—Oh, vamos, esto ha sido un favor, no pienso cobrarle —dijo Sanz negando con la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya, pero es que doce horas&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—Ah, no, no puedo ir ofreciendo inhibidores de dolor a todo el mundo, señor Arnau. Y me cuesta mi dinero.</p>
<p style="text-align: justify;">—Pero si yo se lo pagara&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Sanz terminó asintiendo con un ademán de resignación.</p>
<p style="text-align: justify;">—Está bien, yo trataré por usted. Tenga mi número. Pero no soy traficante, no quiero que vaya usted haciendo publicidad de esto por ahí ¿De acuerdo?</p>
<p style="text-align: justify;">—Soy una tumba.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente la puerta del ascensor se abrió a mitad de nivel, y tuvieron que ayudarles a salir. Tras un discreto apretón de manos, Sanz pudo alejarse por los pasillos, notando el agradable frescor del aire acondicionado del edificio. A paso ligero, salió por el vestíbulo principal hacia la plaza en la que en breve tendría una cita de negocios. Al menos él. Lamentablemente la otra persona aún no había llegado, y ahora estaba al sol, así que le tocaba sufrir nuevamente algo de calor.</p>
<p style="text-align: justify;">Decidió sentarse en un banco cerca de la fuente, su maletín entre los pies, aguardando con profesional paciencia. Pocos minutos pasaron hasta que una mujer de buen vestir, sosteniendo un portátil plegado, cruzó la plaza en su dirección. Sabía quién era, claro, una empresaria de creciente éxito, una <em>nueva rica</em>. Y él estaba en su banco preferido. El rostro de su nueva compañera se contrajo de dolor al sentarse al lado de Sanz, pero suspiró con alivio cuando al fin pudo apoyar la espalda en el banco, procediendo a abrir el ordenador.</p>
<p style="text-align: justify;">—Disculpe —dijo Sanz inclinándose hacia ella con el ceño fruncido de preocupación—. ¿Se encuentra usted bien?</p>
<p style="text-align: justify;">
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