A medida que los video­jue­gos se moder­ni­zan, plan­tean los mis­mos dile­mas que cual­quier otro medio de masas. Recien­te­mente esta­mos viendo cómo se con­vierte en un medio pro­pa­gan­dís­tico más. Los video­jue­gos béli­cos, por ejem­plo, están cum­pliendo el papel que cum­plían tiempo ha pelí­cu­las como Top Gun (cuyo estreno alber­gaba a su salida case­tas de reclu­ta­miento del ejér­cito esta­dou­ni­dense para cap­tar a los jóvenes).

Tam­bién encon­tra­mos los cli­chés pro­pa­gan­dís­ti­cos del cine holly­woo­diense. Luga­res comu­nes como encar­nar a mari­nes que luchan por derro­car a dic­ta­do­res en Corea del Norte o Vene­zuela. O luchar con­tra una Rusia en la que algún grupo radi­cal o terro­rista se ha hecho con el poder (los enemi­gos árabes son tan típi­cos que ni los comento). Hasta en jue­gos de estra­te­gia como Tró­pico, pode­mos hacer de dic­ta­dor de repú­blica bananera.

Pero son sólo jue­gos. ¿Sólo? Para muchas auto­ri­da­des que se están apre­su­rando a legis­lar sobre ello, son algo más; un canal abierto de par en par para que una poten­cia extran­jera influya direc­ta­mente en su juven­tud de forma más directa que el cine. Por ejem­plo, en Vene­zuela se ha apro­bado una ley que impide la venta de jue­gos vio­len­tos bási­ca­mente por los video­jue­gos béli­cos. El deto­nante fue Mer­ce­na­ries 2, el cual está ambien­tado en una situa­ción de fic­ción en un futuro pró­ximo en la que el juga­dor deberá com­ba­tir en terri­to­rio vene­zo­lano en una gue­rra que tiene como obje­tivo con­tro­lar el petró­leo. Como comenta la noti­cia antes enla­zada, una legis­la­dora vene­zo­lana ya dijo de él que “manda un men­saje a los ame­ri­ca­nos: tenéis un peli­gro cerca, aquí en Lati­noa­mé­rica” y un con­gre­sista aña­dió que “el juego puede ser una cam­paña del gobierno nor­te­ame­ri­cano, pues sabe cómo pre­pa­rar cam­pa­ñas de terror psi­co­ló­gico para lograr que se apo­yen sus obje­ti­vos más ade­lante”. Cinco años antes posi­ble­mente hubiera sido anec­dó­tico, o casi.

En Corea del Norte ocu­rrió algo simi­lar con el juego Ghost Recon 2, que fue vetado, y recien­te­mente en Rusia tam­bién con uno de los jue­gos con mejo­res ven­tas de los últi­mos tiem­pos: Modern War­fare 2, de la exi­tosa saga de jue­gos béli­cos Call of Duty. En este los malos son los rusos, natu­ral­mente, cuyo gobierno es enga­ñado por un grupo terro­rista (ruso) para ata­car Esta­dos Uni­dos.  Pero sólo esto no basta para indig­nar a un país acos­tum­brado a ser el pelele mal­vado (junto a los nazis) de la fic­ción esta­dou­ni­dense, y menos en un video­juego, medio donde son aún más a menudo los archi­vi­lla­nos. ¿Qué cam­bia en este juego?

Esta escena. ¿El con­texto? El juga­dor encarna a un agente esta­dou­ni­dense infil­trado en un grupo terro­rista ruso que pla­nea una matanza de civi­les en un aero­puerto tam­bién ruso, con el obje­tivo de que la auto­ría parezca esta­dou­ni­dense. Debe par­ti­ci­par para no cha­far su coar­tada. Mejor veis voso­tros mis­mos cómo empieza:

¿Sólo un juego? Ya no. El rea­lismo, el tra­ta­miento cine­ma­to­grá­fico de las imá­ge­nes (un len­guaje que ya entiende todo el mundo) y el poder de inmer­sión que han con­se­guido los video­jue­gos, lo cam­bia todo. Pero ade­más la trama del juego tiene más que ver con los entre­si­jos béli­cos de una novela de Tom Clancy que con la villa­nía cari­ca­tu­resca de una pelí­cula de Indiana Jones. Es un fuerte cho­que fic­ti­cio tanto visual como narra­tivo entre Esta­dos Uni­dos y Rusia, que ordenó la reti­rada del juego y pro­vocó irri­ta­ción en el Kremlin.

Soy con­tra­rio a la cen­sura de la fic­ción, y no soporto a quien la cri­tica sólo con la que le gusta. La pro­pa­ganda encu­bierta, por des­pre­cia­ble que sea, es pan de cada día en la cul­tura desde que el mundo es mundo, e indi­vi­si­ble de esta. Que ahora se esté dando en los video­jue­gos no es sino sín­toma de su madu­rez como medio de expre­sión. No se puede pata­lear (o cen­su­rar) por­que uno no puede (o sabe) devol­ver el golpe con pro­por­cio­na­li­dad. Los medios de masas son el mejor canal de pro­pa­ganda y Esta­dos Uni­dos lo sabe, por eso tiene el domi­nio de buena parte de la indus­tria cul­tu­ral y lo man­tiene pro­te­giendo en el extran­jero tan celo­sa­mente la (su) pro­pie­dad inte­lec­tual, entre otras mane­ras. La solu­ción es poten­ciar la cul­tura de uno, no prohi­bir la de EEUU.

Pero tam­bién es ver­dad que pre­fe­ri­ría sos­te­ner esta crí­tica en un pano­rama con mayor equi­dad. La his­to­ria la escri­ben los ven­ce­do­res, y eso tam­bién ocu­rre con las gue­rras pro­pa­gan­dís­ti­cas: no vere­mos un pro­ducto de masas como Modern War­fare 2 que explore otros luga­res comu­nes como, bus­cando un esquema simi­lar, encar­nar a un sol­dado que par­ti­cipa en la defensa de un país con gran­des reser­vas de petró­leo obje­tivo de una inva­sión esta­dou­ni­dense impul­sada por una suerte de con­gre­sis­tas corrup­tos, fabri­can­tes de armas y ban­que­ros que enga­ñan (para darle el corres­pon­diente toque de correc­ción polí­tica) al pre­si­dente y a la opi­nión pública, creán­do­les la ilu­so­ria cer­teza de que dicho país fabrica armas de des­truc­ción masiva, y per­mi­tiendo así dejar un gobierno títere que ase­gure los bene­fi­cios del pos­te­rior con­trol del petró­leo. Tam­bién sería “sólo un juego”… y un escán­dalo diplo­má­tico cuya venta se blo­quea­ría ipso-facto al otro lado del charco aún con más inme­dia­tez que su con­tra­par­tida rusa. Y es un mer­cado dema­siado grande para dejarlo de lado.

Aún queda mucho por hacer para que los video­jue­gos se reti­ren su capa de sólo para niños para los legis­la­do­res de la gene­ra­ción pre-atari. En el mismo mer­cado esta­dou­ni­dense, si bien da igual la vio­len­cia que pueda tener un video­juego, el sexo sigue siendo tabú. Sin embargo, estos teje­ma­ne­jes ya mues­tran el poten­cial de un nuevo medio en cier­nes. Quién iba a pen­sar en estas polé­mi­cas cuando video­juego era sinó­nimo de sal­tar sobre tor­tu­gas o caño­near ame­bas pixe­la­das que se decían marcianas.

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